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CARLO
ACUTIS: UN ADOLESCENTE EJEMPLAR
(1991-2004)
Tenía apenas 15 años
cuando su vida se apagó a causa de una leucemia fulminante el 12 de
octubre de 2006. Era hijo único de una familia católica de Milán
comprometida en obras de caridad y de testimonio cristiano. Conmovió a
familiares y amigos al ofrecer todos los sufrimientos de su enfermedad
por la Iglesia y el Papa. Carlo era un muchacho normal que vivió su fe
con seriedad. Quien fue su párroco, Gianfranco Poma, señala que la vida
de Carlo fue de una «normal cotidianidad evangélica, sin ninguna
ostentación, ninguna inclinación a parecer especial. Era un muchacho
franco y afectuoso, pero sin orgullo».
En Italia ha salido
la primera biografía de Carlo, titulada «Eucaristía. Mi autopista al
cielo. Biografía de Carlo Acutis», escrito por Nicola Gori,
articulista de «L´Osservatore Romano», y está entre los primeros puestos
de ventas de libros de temática religiosa. El libro nace «del deseo de
contar a todos la simple e increíble historia de Carlo, humana y a la
vez profundamente cristiana».
Los capítulos más
desgarradores son los que recorren su breve etapa de enfermedad. Su
madre, Antonia Acutis, refiere que, poco antes de morir, Carlo dijo a
sus padres: «Ofrezco todos los sufrimientos al Señor por el Papa y la
Iglesia, para evitar el Purgatorio e ir directamente al Cielo». Cuenta
también: «Mi hijo, siendo pequeño y sobre todo después de su Primera
Comunión, nunca faltó a la cita cotidiana con la santa misa, el rosario
y la adoración eucarística. Con esta intensa vida espiritual, Carlo ha
vivido plena y generosamente sus quince años, dejando en quienes lo
conocieron una profunda huella. Era un muchacho experto con los
ordenadores, leía textos de ingeniería informática y dejaba a todos
estupefactos, pero este don lo ponía al servicio del voluntariado y lo
utilizaba para ayudar a sus amigos». «Su gran generosidad le hacía
interesarse en todos: los inmigrantes, los discapacitados, los niños,
los mendigos ». «Estar cerca de Carlo era estar cerca de una fuente de
agua fresca». «Ciertamente la heroicidad con la que ha afrontado su
enfermedad y su muerte han convencido a muchos que verdaderamente era
alguien especial». «Cuando el médico le preguntaba si sufría mucho,
Carlo contestaba: “¡Hay gente que sufre mucho más que yo!”».
El dinero que
ahorraba Carlo lo daba a los pobres, a los ancianos, a las monjas de
clausura, a los sacerdotes, a los inmigrantes. Trataba de convencer a
sus amigas para que no banalizaran su cuerpo, recordándoles que el
cuerpo es templo del Espíritu. Desde la escuela secundaria comenzó a
oponerse valientemente al aborto.
Francesca
Consolini, postuladora de la causa de los santos de la archidiócesis de
Milán, cree que en el caso de Carlo hay elementos que podrían llevar a
la apertura de un proceso de beatificación cuando se cumplan cinco años
de su muerte. Según ella, «su fe, singular en una persona tan joven, era
limpia y segura, y le llevaba a ser siempre sincero consigo mismo y los
demás. Manifestó una extraordinaria atención hacia el prójimo: era
sensible a los problemas y las situaciones de sus amigos, los
compañeros, las personas que vivían cerca de él y quienes encontraba día
a día. Había entendido el valor de la vida como don de Dios, como
esfuerzo, como respuesta a dar al Señor Jesús día a día en simplicidad.
Era un muchacho normal, alegre, sereno, sincero, voluntarioso, que amaba
la compañía, que gustaba de la amistad. Carlo había comprendido el valor
del encuentro cotidiano con Jesús en la Eucaristía, y era muy amado y
buscado por sus compañeros y amigos por su simpatía y vivacidad».
J.P.
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