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Comentario:

La palabra de Dios
siempre nos va a proponer motivos y razones para acrecentar nuestra
inseguridad frente a la vida y frente al seguimiento, de una causa que
creemos muy importante para los que nos llamamos cristianos: el Reino,
la Utopía.
Las lecturas de hoy son
un llamado al cambio de actitudes relativas de nuestras prácticas,
muchas veces tan egoístas, a los valores profundos y absolutos que
propone Jesús desde la propuesta del proyecto del Reino.
Hay que tener muy claro
que la presentación de Salomón, que hace el primer libro de los Reyes,
pretende mostrar (románticamente) lo que para el escritor sagrado
representaba y significaba este “maravilloso” rey en la teoría, pero que
en la práctica y por lo que consiguió en la historia del pueblo, no pasó
a ser sino un rey más que se aprovechó de su poder para explotar,
esclavizar y manipular la conciencia débil del pueblo, y construir su
reinado de gloria en la magnificencia literaria que se construyó en
torno a su figura y su reinado.
Hay que saber
diferenciar entre la estructura del reino que representa Salomón (la de
la monarquía con sus estructuras económicas, políticas, militares y
religiosas que se establecen para manejar los hilos del poder) a la
propuesta del Reino que presenta y enseña Jesús con sus palabras, pero
sobre todo con su práctica de justicia y de igualdad.
Descubrir el mensaje
que se revela por Jesús y su reinado, abre los horizontes hacia una
nueva humanidad. Una vez que se ha descubierto el valor absoluto que
tiene el Reino, es necesario tomar una posición, y frente a este
descubrimiento ningún precio es demasiado alto, pues el Reino se
convierte en el único valor absoluto para quien lo descubre.
El proyecto del «Reino
de los cielos», según la expresión de Mateo, se convierte para muchas
personas en una alegre pero exigente sorpresa, que en el caminar normal
de la vida se produjo por medio de un encuentro afortunado que impregnó
de una gran riqueza la existencia. Ese Reino trajo una exigencia, que
genera al mismo tiempo inseguridad, pues se descubre necesario venderlo
todo, despojarse de muchos «bienes» que atan, e ir al encuentro de su
absoluta posesión, como su mayor riqueza. Afortunado quien ha
descubierto desde su práctica concreta en la vida, los valores del
Reino...encontró su mejor tesoro, la mejor perla que podía estar
buscando perdidamente en otros rincones.
Las dos parábolas
iniciales (del tesoro escondido y de la perla de gran valor) parece que
se contrapusieran a la llamada e invitación de Jesús a dejar bienes y
riquezas para poder seguirlo. Sin embargo nos enseñan las parábolas, que
el Reino es la mayor riqueza para el seguidor de Jesús: Luego de sentir
la llamada de Jesús y de descubrir el Reino, el camino se debe seguir
con alegría, porque se ha encontrado todo.
El Reino, en estas dos
parábolas, es la realidad que supera a nuestro egoísmo. Dejar las
certezas inseguras del hoy, por la certeza mayor, hace que los caminos
abiertos para que el reinado de Dios sea el mayor absoluto, que busca en
todos los sentidos la transformación de tantas y tantas estructuras
injustas.
Para el seguidor de
Jesús es necesario romper los esquemas de muchas estructuras que
deshumanizan. Personas que esperan un cambio sin ponerse en búsqueda,
ateniéndose muchas veces a su herencia legalista, que no les permite
salir a encontrar nuevas posibilidades para su existencia o para la
existencia de los demás, se enfrentan en estas parábolas a las personas
que han encontrado un sentido que creían perdido para sus vidas y se
arriesgan al cambio y a la novedad, poniéndose en marcha en la
construcción de proyectos alternativos que construyan hermandad
solidaria entre los seres humanos y se comprometen en afianzar, desde la
práctica concreta, los valores de vida y justicia que han encontrado.
Jesús concluye esta enseñanza preguntando
si han entendido todo lo dicho por medio de la palabra, que había estado
escondida, pero que ahora no deja de salir a la luz. Aquí se presenta el
modelo ideal del discípulo que es capaz de entender el mensaje del Reino
y saca oportunamente lo viejo y lo nuevo del mensaje que ha recibido. La
novedad del Reino viene por medio de la palabra, acumulada en la
historia del propio pueblo por medio de sus valores, la cultura, el
proyecto original en torno al cual se dio origen a Israel como pueblo,
sus luchas y procesos en búsqueda de la justicia y su interpretación de
la historia desde un Dios liberador y a la opción de este Dios por los
más pobres y oprimidos de la sociedad. Esta oferta del Reino que propone
Jesús, es una realidad que quiere hombres y mujeres capaces de
incorporar los propios valores de la historia y la cultura a las nuevas
realidades, siempre impregnadas de justicia, que Jesús puso en marcha a
partir del anuncio y la práctica del Reino.
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