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Primera lectura:
Ne 8, 2-4a.5-6.8-10
Salmo:
Sal 18, 8-10.15 "Tus palabras, Señor, son espíritu y vida"
Segunda lectura: 1Co 12, 12.14-17
Evangelio: Lucas 1, 1-4; 4, 14-21
Ilustre
Teófilo: Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los
hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones
transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego
predicadores de la Palabra. Yo también, después de comprobarlo todo
exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden,
para que conozcas la solidez de las enseñanzas que han recibido. En
aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea, con la fuerza del Espíritu; y su
fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en la sinagoga, como era
su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le
entregaron el Libro del Profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el
pasaje donde estaba escrito: "El Espíritu de Dios está sobre mí, porque
él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres,
para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para
dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor".
Y, enrollando el libro, lo devolvío al que le ayudaba, y se sentó. Toda
la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: "Hoy se
cuple esta Escritura que acabáis de oír". |
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