LOS JÓVENES DE HOY SON MENOS LIBRES DE LO QUE ELLOS SE CREEN

Opinión de Mons. Carlos López Hernández, obispo de Salamanca, sobre los jóvenes

En general.
«No existe un tipo único de jóvenes; no puede existir en una sociedad tan plural.   Los jóvenes son como los hacemos ser los mayores: los gobernantes, los centros educativos, los medios de comunicación, el ambiente social, las familias y la propia Iglesia. Ellos tienen, no obstante, su buena parte de responsabilidad, pero son menos libres de lo que ellos mismos se creen.

Si a los jóvenes les presentáramos una verdad clara sobre sí mismos, un ideal de vida, y les educáramos adecuadamente en el ejercicio de su libertad, desde una recta comprensión del amor, serían muy distintos. Como esto falla estrepitosamente, andan desorientados como ovejas sin pastor, buscando cada uno afanosamente por su cuenta sus pastos de felicidad en las praderas de la sociedad del consumo de todos los disfrutes que ofrece una visión materialista de la vida. Pero en esto no hacen sino seguir las pautas de los mayores, empezando por sus padres y siguiendo por sus ídolos sociales, con los que se identifican y a los que imitan».

Sobre los datos que ofrecen las encuestas:
«Son muy poco ilustrativas. Indican, en el mejor de los casos, lo que pasa: algunos rasgos que manifiestan los jóvenes. Pero no dicen nada sobre por qué pasa lo que pasa, por qué los jóvenes se sienten como se sienten. Y digo “como se sienten”, no digo “como son”. Para nosotros lo fundamental son las causas de lo que sucede. Sin conocerlas no puede haber diagnóstico certero. Pero las causas son mucho más generales y afectan a toda la sociedad actual, no sólo a los comportamientos o actitudes de los jóvenes».

Sobre el acercamiento Iglesia-Jóvenes:
«A ambos nos cuesta bastante. Para la Iglesia, la dificultad para comprender a los jóvenes es la misma que para comprender de verdad nuestra sociedad, el mundo en que vivimos. Quien no se toma el cuidado de comprender en profundidad nuestra cultura, no puede comprender a los jóvenes. Y luego está el amor; lo que no se ama con intensidad,  no se comprende en su profunda verdad».

Para los jóvenes y para nuestra sociedad en general la dificultad para entender a la Iglesia viene de la falta de fe. En una mirada sociológica sobre la Iglesia no se percibe su misterio y su referencia a Cristo. Los prejuicios y rechazos, la incomprensión o la mera indiferencia sólo desaparecen con la fe y en la experiencia de la vida cristiana.

Qué destaca positivamente de los jóvenes de hoy día:
«En general, todos los jóvenes tienen muchas habilidades que los mayores no tenemos.  Cada uno por separado y en la relación personal son espontáneos y manifiestan con sinceridad y sin temor sus sentimientos y formas de entender las cosas;  están abiertos al diálogo y la escucha con interés. Tienen curiosidad por lo desconocido que pueda ofrecer una experiencia de novedad. Y son más sentimentales que lógicos, y se dejan ganar más por el corazón que por las razones. Creo que tienen sed de ser aceptados, queridos, valorados, respetados».