PROSTITUCIÓN: LAS CIFRAS DE UNA NUEVA ESCLAVITUD

R. Poulin, profesor de sociología en la Universidad de Ottawa (Canadá) es uno de los mayores expertos en el estudio del fenómeno de la prostitución. Ha dirigido a un grupo internacional de especialistas en el estudio del fenómeno, produciendo un libro titulado: Prostitución. Globalización encarnada (publicado en Italia hace pocos meses por la editorial Jaca Book). Es un libro sumamente interesante por los datos que ofrece (estremecedores) sobre este mercado global que mueve cifras de dinero impresionantes y que produce masas de esclavos siempre en aumento. De esclavos auténticos: no hablamos con términos figurados.

Las cifras

Afirma el autor: «En el curso de los últimos 30 años, en los países del hemisferio sur se ha asistido a un crecimiento vertiginoso de la prostitución y de la trata de mujeres y niñas para tal fin. Desde hace poco más de diez años, un discurso análogo sirve también para los países de la ex-Unión Soviética, de Europa centro-oriental y Balcanes. Se tiende a prostituir niños cada vez más jóvenes y a introducirlos en el mercado pornográfico».

Éstas son algunas cifras de la industria de la prostitución infantil: 400.000 niños en la India, 100.000 en Filipinas, 300.000 en Thailandia, 100.000 en Taiwan, 325.000 en Estados Unidos, 500.000 en China... En Brasil las cifras estimativas llegan a los dos millones de niños. En Camboya, el 35% de las prostitutas tienen menos de 17 años; el 60% de los albaneses que se prostituyen en Europa son menores de edad. Con informes de UNICEF y del Consejo de Europa en la mano, las estimaciones más optimistas, es decir, más a la baja, cifran en dos millones el número de niños forzados a la prostitución en nuestro mundo. En 2002, el total mundial estimado de prostitutas ascendió a 40 millones de mujeres. Cada año, medio millón de mujeres, niños y niñas entran en el mundo de la prostitución en Europa Occidental. El 75% de las mujeres víctimas de este tráfico tiene menos de 25 años. Cuatro millones de mujeres, de niños y de niñas, son víctimas, cada año, del tráfico mundial de personas destinadas a la prostitución.

 

El dinero que se mueve

Esta moderna esclavitud tiene sus ejes en dos “industrias” que se encuentran entre las que mueven más dinero en el mundo: la prostitución (en 2002 movió 60.000 millones de euros) y la pornografía (en el mismo año supuso un negocio por valor de 57.000 millones de euros). Hoy se puede afirmar que la prostitución es el tercer negocio que más dinero mueve en el mundo, tras el de las armas y el de la droga.

Para muchos países es un factor importante de su Producto Interior Bruto (PIB): la prostitución en Holanda supone el 5%, en Japón entre el 1% y el 3%; la pornografía es la tercera industria en importancia en Dinamarca. Algunas multinacionales del sexo cotizan en Bolsa. Teniendo en cuenta todo esto, se entiende por qué algunos países de Asia consideran la prostitución dentro de sus estrategias para el desarrollo, ya que el turismo sexual les proporciona una entrada importantísima de divisas con las que pagar su deuda externa: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, comprobando cómo el desarrollo de las industrias del “turismo” y de la “diversión” producen el dinero con que luego son pagados sus préstamos, son fáciles en conceder ayudas para favorecer el “turismo”. Sirva de ejemplo Thailandia, principal meta asiática del turismo sexual, cuyos ingresos por turismo son su principal fuente de divisas extranjeras, constituyendo, ya en el lejano 1995, el 13% del PIB. En 2004, Thailandia tenía 2 millones de personas que se dedicaban a la prostitución (800.000 menores); el negocio mueve 4.000 millones de euros al año. Otro caso significativo es el de Filipinas: el Gobierno ha hecho una investigación, cuyos resultados nos dicen que se venden mujeres filipinas en 74 países del mundo (entre ellos Japón, Malasia, Hong Kong, Corea, Laos, Nigeria...); solamente Japón “adquiere” para sus burdeles unas 50.000. En Pakistán existe un mercado esclavista puro y duro, en que se venden hasta 200.000 mujeres y niños al año, muchos de los cuales van a parar a Bangladesh, donde vuelven a ser vendidos con total impunidad para los mercados del sexo.

 

En América Latina y África

En cuanto a América Latina, existen dos tipos de tratas: interior, en que las mujeres son llevadas de un lugar a otro del propio país, y exterior, con una “exportación” siempre en aumento, gestionada por redes mafiosas norteamericanas, europeas y asiáticas. Los mayores centros de reclutamiento de mujeres dedicadas a la prostitución son Brasil, Surinam, Colombia, República Dominicana y las Antillas; y los principales países de destino son España (el 70% de las prostitutas en nuestro país son de origen sudamericano), Grecia, Alemania, Bélgica, Holanda, Israel, Corea, Japón y Estados Unidos. Los métodos: los traficantes publican anuncios en los periódicos, proponiendo un trabajo en el extranjero en que se gana mucho dinero; quien acepta, se encuentra en poco tiempo sometida a una cruel esclavitud. Otra de las más espantosas (“y poco conocidas”) formas de esclavitud sexual tiene la forma de adopción o matrimonio en el país de destino: se dan casos de niñas de 4 años obligadas a vivir con sus “maridos”; a menudo se las encierra en auténticas prisiones.

En el Magreb se está viviendo un auténtico boom de la prostitución, especialmente con el envío de muchachas de Marruecos a Arabia Saudita y países del Golfo Pérsico para trabajar como prostitutas en hoteles y restaurantes. Las redes mafiosas marroquíes exportan también numerosas jóvenes a Europa, principalmente a España. Dentro de Marruecos, la prostitución es la base de la industria hotelera de Mequínez. Un artículo de A. Dialmy (“La prostitución de las mujeres en Marruecos”) afirma que muchas jóvenes prostitutas tienen el consentimiento de sus padres, ya que numerosas familias pobres cuentan con el único ingreso procedente de la prostitución de una hija, que logra así mantener a padres y hermanos.

En cuanto al Africa Negra, Nigeria es uno de los casos de mayor tráfico internacional de mujeres destinadas a la prostitución. El mecanismo funciona así: las familias entregan a sus hijas a los “protectores locales”, quienes prometen conseguirles un buen trabajo en Europa; la familia tiene que pagar una fuerte suma de dinero para los gastos de pasaporte y viaje. Cuando llegan a Europa, les quitan el pasaporte y cualquier otro documento personal, imponiéndoles una fuerte suma de dinero como compensación por los gastos del viaje: una deuda tan grande que ellas nunca podrán pagarla. A continuación, vienen dadas en custodia a “madames” nigerianas, que se encargan de indicarles el lugar donde prostituirse, horarios y demás detalles. Así, estas mujeres se convierten en esclavas al 100% de su “protector”: no pueden mantener contacto con sus familiares, están controladas a todas las horas del día y de la noche, no pueden poner denuncia a las autoridades del país donde están, porque no tienen documentos y pueden ser expulsadas. Así, a una chica nigeriana sólo le queda la perspectiva de enfermar o de envejecer para que sea considerada “inservible”, saliendo del estado de esclavitud.

Anulación de la persona humana

La ONU considera que son cuatro las causas principales del aumento de la prostitución como fenómeno global: pobreza, desarrollo de los medios de transporte, demanda creciente de servicios de prostitución en estructuras turísticas, y legalización en muchos países.

En conclusión, llama la atención (como confiesa el jesuita G. De Rosa en un reciente artículo) que, a pesar de las cifras alarmantes, «esta nueva forma de esclavitud, quizás más dura, más cruel y más deshumana que las formas del pasado, no sea conocida en su trágica realidad, y sobre todo que no sea considerada como lo que realmente es: anulación de la persona humana, reducida a objeto de placer, sobre la cual el hombre puede desfogar sus instintos más perversos y crueles y sus deseos más vergonzosos». Hoy es fácil manifestarse en protesta por las pequeñas y grandes injusticias, por la contaminación atmosférica, por los derechos de los animales. Sin embargo, la prostitución, que se ceba de millones de seres humanos débiles e indefensos, es un argumento sobre el que pesa un silencio absoluto, considerándolo inconveniente o políticamente incorrecto.

Sirva este artículo, querido lector, para ambientar la intervención de la Santa Sede ante la ONU el pasado mes de febrero, en que hablando explícitamente de la prostitución, ha condenado “el tráfico de seres humanos como uno de los fenómenos más vergonzosos de nuestro tiempo”.  

Pedro Aliaga